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viernes, 17 de marzo de 2017

Paños de cocina a punto de cruz.

 Teníamos tan cerca Portugal que las excursiones surgían en el desayuno. Una vez allí, era inevitable comprar algodón transformado en diferentes prendas o complementos para la casa. Y si algo se convirtió en una constante fueron los pañitos de cocina.
 En mi ajuar, los paños de cocina son el textil más abundante. Tía Carmen también ayudó a esta situación. 
 Mi Madre parecía querer especializarse en bordar a punto de cruz la franja de esterilla de los paños de algodón portugueses.



 Sobre el algodón beige, quedaban casi "pintados" distintos accesorios de cocina y alimentos, en vivos colores cuidadosamente combinados.


 A veces dulce, a veces salado, cada pañito parecía estar destinado a un momento preciso de la comida. Reflejando incluso la temperatura del objeto, quedarían expuestos con orgullo en el tirador del horno de la propietaria, ya fuera mi hermana, yo, o alguna prima que, al verlo, no habría podido evitar pedirlo.


 Contrastados colores que se disputan el protagonismo en escenas tan realistas y tan incluídas en su ambiente, en el que les es imposible camuflarse. Son el centro de una ordenada e impoluta cocina de dudoso uso, casi de exposición murciana. Consideradas por las entendidas como piezas de muy esmerada realización e ingenio, con una gran personalidad a la hora de delimitar los contornos.


viernes, 17 de febrero de 2017

Cortina y bolsa bordadas.

 Según el tiempo del que disponga y el ánimo que tenga, despliego en mi taller los materiales de una técnica o de otra. A veces me llama más una aguja pequeña y combinar colores, como cuando diseñamos esta cortina. En esa época todavía no tenía mi taller instalado, pero contaba con un pequeño detalle que ahora ya es más difícil de tener. Mi Madre y yo formábamos equipo. Ella se dedicaba a la confección y yo al bordado y encajes. La labor surgía casi por casualidad, en medio de una conversación hablando de otra cosa. Lo único que había que hacer era decir en voz alta aquel tímido boceto que se te había ocurrido, y de repente, salían las ideas, se iban moldeando, se empezaba a estudiar con detalle, perfilando su forma. Esta cortina surgió así. El salón de Merche tenía tres ventanas dobles... íbamos a hacer seis piezas, pero sólo nos quedamos en ésta.


 El bordado, mi parte, está formado por el mismo dibujo repetido tres veces, cambiando los colores de las flores que lo componen. La hoja central de cada motivo alterna tonos oscuros y claros, adquiriendo fondo.
 Se puede apreciar el principio de una bordadora que intenta matizar. Queda mucho por aprender.










 En cuanto a la confección de la cortina, mi Madre escogió su tela favorita: el lienzo moreno. Algodón de calidad, con cuerpo, y que permite una costura sin problemas y un planchado excepcional. En la parte inferior, adornó el dobladillo con una pequeña vainica.









 Antes de realizar la cortina, decidimos probar el bordado en un pequeño trozo de tela. Nos gustó tanto la prueba que mi Madre no dudó en elaborar una pequeña bolsa alrededor de esa prueba. Como siempre, de resultado perfecto.

 Aquí se demuestra el grado de detalle en la confección de la bolsa.





viernes, 10 de febrero de 2017

Pañuelo de Bolillos para una novia llamada Luci.

 Hasta que no te encuentras cerca o metido de lleno no puedes comprender el alcance de todos los detalles que forman parte de una boda. Cuando asistes como invitado, ves el conjunto. Pero cuando eres uno de los papeles principales, te faltan días y manos para que esté todo perfecto.
 Al ser la novia el punto de atención más señalado, en ella se reúnen el mayor número de apartados de la lista. Uno de ellos es el ramo de flores, en el caso que haya decidido llevarlo. Distintos tamaños, flores y adornos pueden dar lugar a un muy llamativo complemento. Algunas novias crean tendencias, innovando gracias a su creatividad. Otras se acomodan en las propuestas del momento, aunque con matices clásicos, como embellecer el puño del ramo con un encaje, dejar caer tul bordado por un lado, y las más detallistas anundan en sus flores tiras de encaje de bolillos para obsequiar a sus damas de honor o a una selección de invitadas asistentes.
 Aunque avancen los tiempos, pensar en una novia y aparecer una visión de encaje parece lo más frecuente. Por eso, algún día tendría la posibilidad de elaborar un encaje para una novia. No se trataba de alguien de la familia, pero hay veces que pones el mismo interés o más.

Fueron necesarios unos ochenta palillos de bolillos para elaborar el patrón elegido.

El hilo empleado fue Fincrochet del n. 50 en color blanco 002.

Las bases para conseguir un buen resultado son conocimiento, ilusión, interés y materiales de calidad.

 Detalle de una esquina del pañuelo donde se puede apreciar la alternancia en el tipo de arañas, franqueadas por punto de lienzo y medio punto, sobre un fondo de filigrana con doble vuelta. 
 En el centro, grupos de cuatro motivos del punto de la virgen evitan la ayuda de tela para cerrar el encaje.
 Así se llegó a un delicado pañuelo para acompañar a tan destacada novia al altar.



 El pañuelo envuelve el puño del ramo de flores.









 La novia luce su ramo de flores adornado con el pañuelo de bolillos.



Gracias, Luci, por dejarme participar y asistir desde lejos.



viernes, 3 de febrero de 2017

Toallas amarillas con cenefa a punto de cruz.

 Si realmente te gusta una actividad, diriges tu vida hacia ella. Mi pasión por los hilos no se reduce a moldearlos o a combinarlos, me gusta observarlos y rodearme de creaciones textiles; y si son manuales, aún despertarán más mi atención. Es por ello que, además de mis labores, recibo con gusto las labores de los demás.
 El hecho de ver en casa un gran interés por las manualidades no implica que haya una obligación de continuar con la tradición, pero sí te predispone a practicar algún tipo de creación, aunque no sea la misma que sueles ver diariamente. Viendo a mi Madre tirar de la madeja yo he acabado enredando con los bolillos, y mi hermana ha preferido, principalmente, el punto de cruz. En la actualidad, algunas de estas labores constituyen una parte de mi ajuar diario. Es el caso de este juego de toallas en un tono amarillo suave, que Merche bordó a punto de cruz en varios colores.


 El patrón a seguir indicaba una cenefa de dibujo geométrico en rosa claro combinado con dos tonos de azul, los cuales también enmarcan el bordado.



 Las líneas de los tres colores entrelazadas aportan movimiento al conjunto, llenando por completo la esterilla destinada a la decoración de la toalla.






 En el extremo opuesto a la cenefa, cada toalla dispone de un pequeño tramo de esterilla en el que poder realizar otro bordado a juego con el principal. Siguiendo la tendencia geométrica del diseño elegido, en este caso se realizó un bordado utilizando sólo los dos tonos de azul, ofreciendo profundidad gracias a la alternancia de zonas realizadas con hilos más oscuros.



 Al disfrutar de unas toallas con un rizo de calidad, y bordadas con tanto gusto y dedicación, es fácil que el espejo del baño contenga una sonrisa muy especial.


viernes, 30 de diciembre de 2016

Pañito a punto de cruz. Casas rojas de Navidad.

Fachada principal de "Las Viñas".



 Visto por la noche desde "Las Viñas" de Taty y Juanfran, el pequeño pueblo de Aledo, en la sierra de Murcia, parecía ciertamente un "Belén"





Al fondo, Aledo y su Torre,
visto desde
el lateral de "Las Viñas".
 Las luces municipales, salpicadas por sus calles, quieren marcar un sinuoso camino hacia la parte más alta de esta antigua villa medieval, donde se encuentra una majestuosa Torre del Homenaje, que multiplica su altura por situarse en la parte más sobresaliente de una colina. A pesar de someterse al cumplimiento de los tratados sobre arquitectura militar del siglo XV, sus materiales y los arcos de sus bóvedas no olvidan su pasado islámico. 
 Esta Torre es capaz de ver el mar en un día claro, y, a la vez, ha visto la nieve en contadas ocasiones, no como los techos de la sierra que la contempla, repletos de algodón muchos eneros. Sería la única diferencia con los conjuntos de figuras habituales que lucimos en nuestros salones navideños.





 Incluso en éste, nuestro país, internacionalmente conocido por sus muchas horas de luz, y por su intenso sol, tenemos paisajes blancos, como los que emulan los Nacimientos. Al pensar en Belén nos aparece una imagen de dulce pueblo de casas bajas, con tejados nevados y luces de candil al caer el día. Muchos son los que debaten si, cuando ocurrieron los hechos que cambiaron el mundo, el paisaje era realmente así, o por el contrario, triste y árido. Quizá la imagen del hogar contrarrestando el frío de la noche quiera inducir a la unión de los seres queridos alrededor del calor de un fuego. 
 Al final, la publicidad consumista o la imaginación de la niñez, nos invitan a rodearnos de paisajes con casitas de humeantes chimeneas y lazos rojos en la puerta, ya sea en papel, cartón, chocolate o... ¿bordadas?

 Cada año me gusta más que mi decoración navideña sea algo más que un adorno que compré en una tienda. Quiero decorar mi salón con objetos de los que nunca sabré su precio, por su imposible cálculo. No podría equiparar con dinero el tiempo y la maestría que se reflejan en este pañito bordado en rojo a punto de cruz por mi Madre.



 Cada puntada, cada giro de muñeca, cada hebra que se acaba, cada persecución del dedal por el suelo... son tantos pequeños momentos que no hay forma de reunirlos en un número. Sólo las que hemos invertido tardes y tardes en un proyecto somos capaces de ver entre los hilos su verdadero valor, y apreciarlo cuando se nos regala el resultado de todo ese esfuerzo.
 Bordado con un perfecto y armónico punto de cruz, y en un intenso rojo navidad, llegó a mis emocionadas manos un tapete de generosas dimensiones, que consolida su forma gracias a que está situado sobre lienzo moreno, escondiendo su revés. Es una labor de exposición... 



En este tapete se representa cuatro veces la misma imagen de casa de campo en invierno. Pero lo que yo veo son cuatro primas y una guitarra, villancicos inventados, algún manitas con un martillo, bordadoras y tejedoras, una perra blanca ladrándole al humo de un puro, un niño rubio y trece cuencos de uvas... Al bordado sólo le falta un almeriense indalo en la fachada para estar más cerca de Aledo. Soy afortunada por haber vivido unas Navidades tan diferentes.




  Es el adorno hecho a medida para engalanar un arcón de mimbre, también con mucha historia... que os contaré otro día.