viernes, 24 de marzo de 2017

Pañuelo de Bolillos para Taty.

 Vivimos en aceleración constante. Lo hacemos todo tan rápido que apenas lo disfrutamos. Pensamos proyectos que queremos realizados para ayer. Ya que la vida pasa con tanta premura, tenemos que contrarrestar su urgencia con paciencia y reflexión. Esa ansiedad por amontonar objetos que creemos que nos han de conducir a la felicidad debe compensarse con aproximarnos a la ausencia de "bultos" que nos impiden disfrutar de cada momento. Debemos aceptar que la verdadera felicidad no es tangible, no se trata de un sentimiento material. 
 Basándome en esta idea, me rebelo ante la pretensión de asombrar con un regalo que se ha conseguido pensando en él apenas una hora. Si así lo hago, es muy probable que el tiempo que permanezca en el recuerdo sea aproximadamente también de una hora. 
 Esta opinión tan particular está muy relacionada con las labores que me hacen sentirme satisfecha, normalmente las que siempre he llamado labores eternas.
 Una de estas labores se podría situar como el regalo perfecto... perfecto para alguien especial, incluyendo la sorpresa de ir a llevarlo en mano, a pesar del día de viaje que suponía.



 La elección del patrón y del hilo, las modificaciones sobre algunos de los puntos que se recomendaban para darle más personalidad al resultado, y la ejecución en sí fue como cuando inspiras aire de poco en poco porque el cuerpo no te admite más de una sola vez. Cada giro de bolillo con su pareja me aproximaba más a ese momento mágico en el que entregaré mi trabajo y recibiré el regalo que he estado imaginando de tantas maneras y que, al final, me sorprende porque ha sido de la única que no había pensado.


 En el diseño a realizar se ofrecía trabajar las ondas del borde a punto medio. Junto a él y hacia el interior del encaje se disponen grupos de punto de la virgen. Por esta proximidad a un punto más laxo opté por rellenar más las ondas con punto de tejido y darle forma en el contorno con giros del par guía hasta el extremo.
 Pero el gran detalle de este encaje está clavado en el centro. Los pañuelos sin tela, por lo general, suelen causar más admiración. Cualquier encajera podrá asentir ante la dificultad de unir el encaje a un pedazo de lino o algodón. En mi caso, suelo preferir los pañuelos sin tela, ya que ofertan la posibilidad de un dibujo más amplio, y dan la apariencia de un encaje de una sola pieza. En esta ocasión, el centro quedaba bastante al aire con arañas modificadas y un fondo de filigrama, que disfruté haciendo.





 Además de un correcto planchado, es conveniente buscar una presentación que impacte en el momento de entregarlo. Cuando Taty abrió la cartulina azul y retiró el delicado papel de seda que cubría el encaje, alcancé mi objetivo. Doble lágrima, porque no sabía que estábamos en la lista de los invitados a su cumpleaños.



viernes, 17 de marzo de 2017

Paños de cocina a punto de cruz.

 Teníamos tan cerca Portugal que las excursiones surgían en el desayuno. Una vez allí, era inevitable comprar algodón transformado en diferentes prendas o complementos para la casa. Y si algo se convirtió en una constante fueron los pañitos de cocina.
 En mi ajuar, los paños de cocina son el textil más abundante. Tía Carmen también ayudó a esta situación. 
 Mi Madre parecía querer especializarse en bordar a punto de cruz la franja de esterilla de los paños de algodón portugueses.



 Sobre el algodón beige, quedaban casi "pintados" distintos accesorios de cocina y alimentos, en vivos colores cuidadosamente combinados.


 A veces dulce, a veces salado, cada pañito parecía estar destinado a un momento preciso de la comida. Reflejando incluso la temperatura del objeto, quedarían expuestos con orgullo en el tirador del horno de la propietaria, ya fuera mi hermana, yo, o alguna prima que, al verlo, no habría podido evitar pedirlo.


 Contrastados colores que se disputan el protagonismo en escenas tan realistas y tan incluídas en su ambiente, en el que les es imposible camuflarse. Son el centro de una ordenada e impoluta cocina de dudoso uso, casi de exposición murciana. Consideradas por las entendidas como piezas de muy esmerada realización e ingenio, con una gran personalidad a la hora de delimitar los contornos.


viernes, 10 de marzo de 2017

Una estola de seda con flecos para Merche, mi hermana.

  
 Aunque no nos parecemos en nada, hemos llegado hasta a disfrazarnos de gemelas. Vestir igual que mi hermana era casi un diario cuando éramos pequeñas, a veces ella de rojo y yo de azul. Siempre pensé que mi color favorito era el azul, pero me he dado cuenta que es el rojo, porque es el color que solía estar viendo. Con ella me pasa lo mismo: es lo que solía estar viendo...
 En casa todo era doble, mis cosas a la derecha y las suyas a la izquierda, como buena zurda. Quién le iba a decir que seguiría con esa costumbre al tener un hijo zurdo.
 Recuerdo tardes jugando y lo poco que le gustaba recoger los juguetes. Recuerdo que se comía mis chucherías, pero me ayudaba gritando las dos a la vez desde la cama para que alguien encendiera la luz del pasillo y poder ir al baño. No dudaba en defenderla en el colegio, será porque siempre le he sacado un palmo. Qué palizas nos dábamos con el elástico. Nos sabíamos todas las canciones y los bailes que las acompañaban. Ella era la artista y yo el público. El equipo perfecto hasta que quise grabar en una cassette mi adivinanza y me pisaba el final. Y lo que quedó grabado fue un inolvidable "¿Te quiés callá, Meche?" con mi pequeña voz ronca. Ella era la estrella del festival de fin de curso del colegio, y a mí me horrorizaba subir al escenario a recoger el premio por un breve cuento que había escrito.
 No necesitamos nunca terminar un chiste para que la otra se riera. Hemos sido "gamberras", ya no tan niñas, hasta en el dentista, fingiendo que no nos conocíamos y peleándonos por una revista que a mí, la verdad, no me interesaba. Lo que no hemos roto de pequeñas lo rompimos de mayores con un balón. ¡Pero qué cisne de porcelana más feo! Compinchadas con una mirada, adivinando lo que le pasaba por la cabeza a la otra, como siamesas. Con los dni consecutivos, ella primero, por supuesto. Sólo le gané el liderazgo en el carnet de conducir, inolvidable heroicidad. Nunca hemos necesitado un motivo para que, de repente, haya fiesta. Lo que nos costó bailar sevillanas juntas en la misa rociera de la patrona del colegio, ¡pero queríamos! Llevábamos la alegría con nosotras. Casi quemamos el timbre de la casa de nuestros abuelos. Volvimos loco al gato que tuvimos. Y me extraña que nuestra Madre no desesperara con nuestras diferencias, porque diferentes lo éramos y lo somos, y mucho. Harta de nuestras historias, su primer impulso fue poner las camas en dormitorios separados, y su segundo impulso, volvernos a juntar. La guerra por la ropa del armario parecía no acabar nunca. Y, aunque ella nació un año antes, ya hemos quedado que la hija mayor soy yo, pero siempre con la idea de que teníamos la misma edad, sin ser conscientes de qué edad era.
 Qué fácil era terminar la discusión manchándote las gafas con los dedos de saliva, aunque no creo que nos quede una verdad que decirnos a la cara. Quizá por la distancia que piensas que nos separa hemos bajado la intensidad del fuego. Yo no creo que exista esa distancia, y no necesito llenar la casa de fotos que me lo recuerden. Y si las llamadas de más de cuatro minutos te aburren, te aguantas y esperas a que termine de decirlo todo; no disimules fingiendo que no te importa para chincharme.
 Eres la única que se olvida de las palabras cuando te preguntan por mí, capaz de esconder mis innumerables defectos en un cajón, y nombrarme como parte de la solución a tus problemas. Soy la carta que falta en tu baraja para empezar a jugar, y estás pensando, igual que yo, en la sota de bastos.
 Mis cosas siguen a la derecha, porque vivo con un zurdo otra vez, y sigo pensando doble. De hecho, compré los materiales para hacerte este chal a la vez que los del mío. ¿Cómo voy a tener yo uno y tú no? Y aquí lo tienes...


































¡¡CUMPLEAÑOS FELIZ!!



viernes, 3 de marzo de 2017

Ropa infantil de invierno (3).

 Pronto será primavera y queremos vestir bien a nuestros pequeños, y con telas que tengan forma y que no sean muy gruesas. ¿Alguna vez has trabajado con pana fina? Por sus especiales características es el tejido que estabas buscando, con las ventajas de estar cosiendo algodón, sin la soltura de una batista. El propio dibujo de la tela permite elegir un diseño de patrón muy sencillo.


 Al ir conjuntados, y en la mañana del Domingo de Ramos, era difícil que no se volvieran a mirar a mis dos chiquitines, que empezaban a andar hace dos días.




 El pantalón fue confeccionado con el patrón de una mitad, sin costura lateral, con frunce en la cintura. El interior precisó de un forro en el mismo color para despegar la prenda y ceder movimiento.



 Adornamos las prendas con botones metálicos color plata, confiriendo un estilo austriaco. Para el cierre de la falda utilizamos cuatro, y uno para adornar la cinturilla del pantalón.



 La falda no necesitó patrón. Se trata de un rectángulo cuyos extremos se superponen en la parte delantera. La cintura se remató con una cinta de color acorde a la tela. El cierre se basa en un juego de corchetes en la cintura, embellecido por un botón, seguidos en vertical por dos botones con ojal y un cuarto botón sin ojal, como adorno. Conforme nuestra pequeña necesite más amplitud, sólo habrá que ir moviendo los botones sobre la tela inferior, y los ojales permanecerán en la tela superior.




 Es imprescindible aportar vuelo al contorno inferior de la falda, que dará más libertad al caminar. Este vuelo se consigue gracias a unos tablones situados en la parte de atrás de la falda, y que quedan sujetos por la cinta de la cinturilla. También hay que resaltar la acción del forro despegando la falda del cuerpo o de posibles leotardos.



     






 A pesar de dejar un generoso dobladillo para cuando sea necesario alargar la falda, nos sobró tela con la que haremos varios coleteros y terminar así el conjunto.






 Este conjunto es candidato a Menuda Inspiración.



viernes, 24 de febrero de 2017

Ange y sus disfraces (2) : La Doctora Carrasco.

Para los que no conocéis a Ange, os diré que si se tiene que disfrazar no querrá nada serio. Ella provoca tanta alegría que necesita colores fuertes para acompañarla. Cuando la profesora nos dijo que tenía que ir de dentista para encajar en el teatrillo que estaban haciendo, ¡la máquina se puso en marcha! 
 Mi Madre supo transformar una blanca bata en una prenda llamativa, cosiéndole botones de colores. Y yo, con tantos kilómetros por medio, me centré en los bordados. Una muela riéndose que despierte las sonrisas al verla sobre el disfraz fue mi primer objetivo. Sobre una tela rosa fuerte y bordada en blanco a punto de tallo, la muela quedó así :

 

 Con tantas batas que hemos lucido, ya sabemos que no puede faltar la identificación. Así que bordé en otro trozo de tela "Dra. CARRASCO". Ella siempre dice que va a ser médico porque quiere curar a los enfermitos...


 Con un par de detalles más, como unas gafas azules y un lápiz con espejito, el disfraz ya estaba completo.






 ¿Y qué os parece el Papá Noel rockero que acompañaba a la dentista? Desde luego, ¡eran la pareja ideal!


 Todos nos reímos cuando a la dentista le tocó decir: "Aunque no tienes muelas, te traigo una pastilla para cuando te duela..."


 Y con esta idea nos presentamos en Menuda inspiración.

viernes, 17 de febrero de 2017

Cortina y bolsa bordadas.

 Según el tiempo del que disponga y el ánimo que tenga, despliego en mi taller los materiales de una técnica o de otra. A veces me llama más una aguja pequeña y combinar colores, como cuando diseñamos esta cortina. En esa época todavía no tenía mi taller instalado, pero contaba con un pequeño detalle que ahora ya es más difícil de tener. Mi Madre y yo formábamos equipo. Ella se dedicaba a la confección y yo al bordado y encajes. La labor surgía casi por casualidad, en medio de una conversación hablando de otra cosa. Lo único que había que hacer era decir en voz alta aquel tímido boceto que se te había ocurrido, y de repente, salían las ideas, se iban moldeando, se empezaba a estudiar con detalle, perfilando su forma. Esta cortina surgió así. El salón de Merche tenía tres ventanas dobles... íbamos a hacer seis piezas, pero sólo nos quedamos en ésta.


 El bordado, mi parte, está formado por el mismo dibujo repetido tres veces, cambiando los colores de las flores que lo componen. La hoja central de cada motivo alterna tonos oscuros y claros, adquiriendo fondo.
 Se puede apreciar el principio de una bordadora que intenta matizar. Queda mucho por aprender.










 En cuanto a la confección de la cortina, mi Madre escogió su tela favorita: el lienzo moreno. Algodón de calidad, con cuerpo, y que permite una costura sin problemas y un planchado excepcional. En la parte inferior, adornó el dobladillo con una pequeña vainica.









 Antes de realizar la cortina, decidimos probar el bordado en un pequeño trozo de tela. Nos gustó tanto la prueba que mi Madre no dudó en elaborar una pequeña bolsa alrededor de esa prueba. Como siempre, de resultado perfecto.

 Aquí se demuestra el grado de detalle en la confección de la bolsa.





viernes, 10 de febrero de 2017

Pañuelo de Bolillos para una novia llamada Luci.

 Hasta que no te encuentras cerca o metido de lleno no puedes comprender el alcance de todos los detalles que forman parte de una boda. Cuando asistes como invitado, ves el conjunto. Pero cuando eres uno de los papeles principales, te faltan días y manos para que esté todo perfecto.
 Al ser la novia el punto de atención más señalado, en ella se reúnen el mayor número de apartados de la lista. Uno de ellos es el ramo de flores, en el caso que haya decidido llevarlo. Distintos tamaños, flores y adornos pueden dar lugar a un muy llamativo complemento. Algunas novias crean tendencias, innovando gracias a su creatividad. Otras se acomodan en las propuestas del momento, aunque con matices clásicos, como embellecer el puño del ramo con un encaje, dejar caer tul bordado por un lado, y las más detallistas anundan en sus flores tiras de encaje de bolillos para obsequiar a sus damas de honor o a una selección de invitadas asistentes.
 Aunque avancen los tiempos, pensar en una novia y aparecer una visión de encaje parece lo más frecuente. Por eso, algún día tendría la posibilidad de elaborar un encaje para una novia. No se trataba de alguien de la familia, pero hay veces que pones el mismo interés o más.

Fueron necesarios unos ochenta palillos de bolillos para elaborar el patrón elegido.

El hilo empleado fue Fincrochet del n. 50 en color blanco 002.

Las bases para conseguir un buen resultado son conocimiento, ilusión, interés y materiales de calidad.

 Detalle de una esquina del pañuelo donde se puede apreciar la alternancia en el tipo de arañas, franqueadas por punto de lienzo y medio punto, sobre un fondo de filigrana con doble vuelta. 
 En el centro, grupos de cuatro motivos del punto de la virgen evitan la ayuda de tela para cerrar el encaje.
 Así se llegó a un delicado pañuelo para acompañar a tan destacada novia al altar.



 El pañuelo envuelve el puño del ramo de flores.









 La novia luce su ramo de flores adornado con el pañuelo de bolillos.



Gracias, Luci, por dejarme participar y asistir desde lejos.



viernes, 3 de febrero de 2017

Toallas amarillas con cenefa a punto de cruz.

 Si realmente te gusta una actividad, diriges tu vida hacia ella. Mi pasión por los hilos no se reduce a moldearlos o a combinarlos, me gusta observarlos y rodearme de creaciones textiles; y si son manuales, aún despertarán más mi atención. Es por ello que, además de mis labores, recibo con gusto las labores de los demás.
 El hecho de ver en casa un gran interés por las manualidades no implica que haya una obligación de continuar con la tradición, pero sí te predispone a practicar algún tipo de creación, aunque no sea la misma que sueles ver diariamente. Viendo a mi Madre tirar de la madeja yo he acabado enredando con los bolillos, y mi hermana ha preferido, principalmente, el punto de cruz. En la actualidad, algunas de estas labores constituyen una parte de mi ajuar diario. Es el caso de este juego de toallas en un tono amarillo suave, que Merche bordó a punto de cruz en varios colores.


 El patrón a seguir indicaba una cenefa de dibujo geométrico en rosa claro combinado con dos tonos de azul, los cuales también enmarcan el bordado.



 Las líneas de los tres colores entrelazadas aportan movimiento al conjunto, llenando por completo la esterilla destinada a la decoración de la toalla.






 En el extremo opuesto a la cenefa, cada toalla dispone de un pequeño tramo de esterilla en el que poder realizar otro bordado a juego con el principal. Siguiendo la tendencia geométrica del diseño elegido, en este caso se realizó un bordado utilizando sólo los dos tonos de azul, ofreciendo profundidad gracias a la alternancia de zonas realizadas con hilos más oscuros.



 Al disfrutar de unas toallas con un rizo de calidad, y bordadas con tanto gusto y dedicación, es fácil que el espejo del baño contenga una sonrisa muy especial.


viernes, 27 de enero de 2017

La siesta de Manolo. Colcha de crochet de colores.

 En el cuarto de estudio había sitio para hacer un armario empotrado, o así lo decidieron entre todos. De puertas de madera color claro, elaboradas por mi abuelo Paco, el armario llegaba hasta el techo, coronado por dos puertas más pequeñas que separaban el amplio altillo que se podía conseguir gracias a vivir en una casa de las de antes, con altura en la pared. Tal era su perímetro que hasta permitió que Merche, mi hermana, pudiera comprobar el aguante de la madera que hacía de base del altillo, subiendo y tumbándose en su interior. En la parte inferior, además de baldas a la derecha, el armario albergaba una hermosa cajonera también de madera... y en ella, en el segundo cajón, se ocultaba un tesoro...
 En esa época, mi Madre dedicaba muchas horas a hacer punto. Chalecos, jerseys y alguna mantita eran el resultado de su incansable imaginación. Siempre precavida, empezado o no, el ovillo que sobraba terminaba en ese segundo cajón. 
 Con el tiempo, el cajón se fue llenando, con lo que iba ocupando conversaciones y atención sobre su destino.
 Y apareció Manolo, el novio de mi hermana, un hombre tranquilo, hogareño pero no, de sonrisa tan amplia como su educación y su debilidad por el acúmulo de conocimientos; de animada, intelectual y ordenada conversación, a la vez que se sumerge en los temas más domésticos, con una muy personal forma de reir. Tras la comida, como buen andaluz y convencido trianero, dejó que Morfeo lo llevara a su terreno, para apoyar su desnuda cabeza sobre la esquina del orejón. No pude evitar pensar que la humedad de Sevilla provocaría un excitado despertar ante una situación tan vulnerable. 
 Aunque ya había empezado el mes de Junio, decidí evitar que se repitiera la posibilidad de convertir una agradable sobremesa en un horrible recuerdo. Comenté mi proyecto con mi Madre, y ella, siempre dispuesta a planificar labores, sintió satisfacción al ver que se podría dar uso a tanto "medio ovillo". La idea era empezar una colcha con uno de los ovillos, y cuando se acabará, seguir con otro, y otro, hasta dejar vacío el cajón.
 Tejida a punto alto de ganchillo y con un patrón en zig-zag, confeccioné la mantita de la siesta de Manolo, que terminó siendo una colcha de cama pequeña, y hasta sobró para hacer el cojín a juego. 






La manta está hecha en crochet tradicional, pero la parte posterior del cojín sigue la técnica conocida como "crochet tunecino".



 Cuando se casaron,  se llevaron la manta y el cojín a su casa, como parte de su ajuar.