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domingo, 9 de febrero de 2020

Colcha de crochet azul en zig-zag.

 En casa siempre han gustado los libros. Recuerdo observarlos de pequeña con una tremenda curiosidad, pero nunca tocarlos. Conforme fue pasando el tiempo, entendí que ya podía mirar su contenido.


 Entre las novelas, enciclopedias y libros históricos, llamó mi atención una colección de doce libros encuadernados al estilo de los años ochenta, en cuyo lomo se podía leer "Labores". Hoy visten una estantería en mi casa.



 No tengo palabras para expresar la ilusión por leer su contenido, a modo de fascículos, en el que se trataban varias técnicas. Las fotografías, muy de la época, mostraban, efectivamente, labores, con un marcado carácter hogareño, útiles en el día a día, infantiles o textiles de casa. Los diagramas y explicaciones estaban dirigidos a una experta ama de casa, acostumbrada a elaborar prendas de vestir y complementos de ajuar. Demasiado bagaje como para empezar a aprender...
 Sin embargo, una fotografía colorista consiguió hacerme pensar que sería capaz de lograr una labor similar a la que estaba observando.




 



 Con esta idea, comencé a tejer una colcha siguiendo un patrón en zig-zag, aumentando y disminuyendo puntos cada seis, a la vez que combinaba distintos tonos de azul, en franjas de diferente anchura.


 Este tipo de labores son tediosas, se alargan en el tiempo, y por lo general, suelen cansar por la rutina de su diseño. Conforme se va haciendo, va aumentando su peso, impidiendo el poder hacerla en otro sitio que no sea el sofá de casa. Por no hablar del calor que transmite, acotando la estación del año en la que se teje. En una primera interpretación parece que pretendo justificar el excesivo tiempo empleado para trabajarla. Sin embargo, intento enfatizar el valor que se incluye entre punto y punto, por la perseverancia y paciencia que llevaron a su conclusión.
 Pero, después de quince años, llega la satisfación de su fin. Y la alegría de haber prometido tan laboriosa prenda a alguien que quieres... ¡¡para que pueda dormir la siesta calentito!!








¡¡A la cama, moreno!!




viernes, 27 de enero de 2017

La siesta de Manolo. Colcha de crochet de colores.

 En el cuarto de estudio había sitio para hacer un armario empotrado, o así lo decidieron entre todos. De puertas de madera color claro, elaboradas por mi abuelo Paco, el armario llegaba hasta el techo, coronado por dos puertas más pequeñas que separaban el amplio altillo que se podía conseguir gracias a vivir en una casa de las de antes, con altura en la pared. Tal era su perímetro que hasta permitió que Merche, mi hermana, pudiera comprobar el aguante de la madera que hacía de base del altillo, subiendo y tumbándose en su interior. En la parte inferior, además de baldas a la derecha, el armario albergaba una hermosa cajonera también de madera... y en ella, en el segundo cajón, se ocultaba un tesoro...
 En esa época, mi Madre dedicaba muchas horas a hacer punto. Chalecos, jerseys y alguna mantita eran el resultado de su incansable imaginación. Siempre precavida, empezado o no, el ovillo que sobraba terminaba en ese segundo cajón. 
 Con el tiempo, el cajón se fue llenando, con lo que iba ocupando conversaciones y atención sobre su destino.
 Y apareció Manolo, el novio de mi hermana, un hombre tranquilo, hogareño pero no, de sonrisa tan amplia como su educación y su debilidad por el acúmulo de conocimientos; de animada, intelectual y ordenada conversación, a la vez que se sumerge en los temas más domésticos, con una muy personal forma de reir. Tras la comida, como buen andaluz y convencido trianero, dejó que Morfeo lo llevara a su terreno, para apoyar su desnuda cabeza sobre la esquina del orejón. No pude evitar pensar que la humedad de Sevilla provocaría un excitado despertar ante una situación tan vulnerable. 
 Aunque ya había empezado el mes de Junio, decidí evitar que se repitiera la posibilidad de convertir una agradable sobremesa en un horrible recuerdo. Comenté mi proyecto con mi Madre, y ella, siempre dispuesta a planificar labores, sintió satisfacción al ver que se podría dar uso a tanto "medio ovillo". La idea era empezar una colcha con uno de los ovillos, y cuando se acabará, seguir con otro, y otro, hasta dejar vacío el cajón.
 Tejida a punto alto de ganchillo y con un patrón en zig-zag, confeccioné la mantita de la siesta de Manolo, que terminó siendo una colcha de cama pequeña, y hasta sobró para hacer el cojín a juego. 






La manta está hecha en crochet tradicional, pero la parte posterior del cojín sigue la técnica conocida como "crochet tunecino".



 Cuando se casaron,  se llevaron la manta y el cojín a su casa, como parte de su ajuar.


sábado, 23 de abril de 2016

De croché.

  Pertenezco a una saga de encajeras de croché. Todas hacemos. Abuela Nati hasta nos hizo bañadores de croché, con un estilo... Como aprendí a hacer croché a la vez que aprendía a leer, me parece que cualquier cosa se puede hacer en croché. Me sorprendía que mis amigas no hicieran croché.

 Nadie hace el croché tan exacto como mi Madre. Nunca le sobran ni le faltan puntos, queda perfectamente alineado, y ni tenso ni flojo. Claro que tiene una amplia experiencia. Sus frases siempre empiezan "...dos, tres y cuatro...", y luego te dice lo que sea. El hilo se desliza entre sus dedos con ritmo hasta que tropieza con la aguja asida en elegante gesto. Seguro que conserva aquel angelito que hice con mil fallos y bien apretado. Hasta que descubrí que el Tridalia del número 5 ó del 8 no era lo mío. Me escondía con una aguja suya del 16 y con hilo de bovina hacía croché hasta que sospechaba que me echaban de menos.



 Bastante codiciados han sido los agarradores de croché de mi Madre y el paño a juego, de combinados colores. Yo también me lancé al mundo de la cocina...



 Y también he seguido a mi Madre en el mundo de los baberos, añadiendo patucos a mi repertorio.


 

  



 El punto de jazmín fue una historiaaaa. Nadie como mi abuela Josefina para hacerlo, pero para explicarlo... Era difícil cogerle el tino. Hasta que llegó mi Tía MariNaty y aquello salía a la vez que te contaba lo que ocurrió en casa hace unas décadas. Y no sabías cómo pero hacías punto de jazmín sin pensar, y lo que ocurrió en casa, ya lo sabías, pero nadie te lo había contado así!! No dejabas de escuchar porque hasta esperabas un final diferente...


  También he hecho puntillas para un juego de toallas doble para mi ajuar.



 Bolsitos, chaquetas, puntillas, camisones y batas, edredones, colchas, bolsas de labores... Mamá ha hecho de todo, y sigue!!! Y yo la sigo de cerca...



   Hasta bolsitas con bombones en nuestra comunión. Y repitió en la boda de mi hermana !!